Regreso

Regreso

¿En qué silente cinturón de espuma se oculta ahora la promesa yerta? ¿Tras de qué muro o entornada puerta gime mi mundo?

¿Qué hora, qué mañana entre tumultos de sol y risa, ya de cara al gozo, me traerá su jazmín más primoroso con la sortija mágica del rumbo?

Se quemó mi laurel entre la fiebre, la palma fiel perdió su airón de fuego. Ya sólo soy raíz, rígido ruego, vástago de espiral lenta y endeble.

Pero yo me he de alzar del pudridero, volveré a mi esplendor de carne y canto, blanca y bruñida por mi propio llanto, viva, de nuevo.

No sé de donde regresó el anhelo De volver a cantar como en el tiempo en que tenía entre mi puño el cielo Y con una perla azul el pensamiento.

De una enlutada nube, la centella, Súbito pez, hendió la noche cálida Y en mí se abrió de nuevo la crisálida Del verso alado y su bruñida estrella.

Ahora ya es el hino centelleante Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa De su bruñida lanza de diamante.

Unidad de la luz sobre la rosa. Y otra vez la conquista alucinante De la eterna poesía victoriosa.