desnuda…
Te doy mi alma desnuda, como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda como el puro impudor de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas, frutos, astros y rosas.
Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
¡Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena que tuviera una intensa blancura de azucena!
¡Desnuda, y toda abierta de par en par por el ansia de amar!