Canción de mi pena dormida

Canción de mi pena dormida

Con los ojos cerrados amplia de voces íntimas me detengo en el siglo de mi pena dormida. La contemplo en su sueño… Duerme su noche triste despegada del suelo donde arranca mi vida. Ya no turba la mansa carrera de mi alma ni me sube hasta el rostro el dolor de pupilas.

Encerrada en su forma, ya no proyecta el filo sensible de sus dedos tumbándome alegrías, en la armonía perfecta de mi canción erguida. Ya no me parte el tiempo…

Duerme su noche triste desde que tú te anclaste en la luz de mis rimas. Recuerdo que las horas se rodaban en blanco sobre mi pena viva, cuando corría tu sombra por entre extrañas sombras, adueñado de risas.

Mi emoción esperaba…. Pero tuve momentos de locura suicida. Un agitado viento de esperanza parece que me anuncia tu regreso. Entre el fuego de luna que me invade alejando crepúsculos te siento. Estás aquí. Conmigo. Por mi sueño.

¡A dormir se van ahora mis lágrimas por donde tú cruzaste entre mi verso!

Despierta de caricias, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo…

!De mí se huyeron horas de voluntad robusta, y humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado ! La vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, y hube de verme toda en un grito de lágrimas, ¡en recuerdo de pájaros!

Yo no supe guardarme de invencibles corrientes ¡Yo fui la Vida, amado ! La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo para darse a mis brazos.