Canción desnuda

Canción desnuda

Despierta de caricias, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo…

!De mí se huyeron horas de voluntad robusta, y humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado ! La vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, y hube de verme toda en un grito de lágrimas, ¡en recuerdo de pájaros!

Yo no supe guardarme de invencibles corrientes ¡Yo fui la Vida, amado ! La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo para darse a mis brazos.

Canción hacia adentro

¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma.

Mis dos ojos navegan el mismo azul sin fin donde tú danzas.

Tu arco-iris de sueños en mí tiene siempre pradera abierta entre montañas.

Una vez se perdieron mis sollozos, y los hallé, abrigados, en tus lágrimas.

¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Un ruiseñor nos tiene en su garganta.

Los ríos que me traje de mis riscos, desembocan tan sólo por tus playas.

Hay confusión de vuelos en el aire… ¡El viento que nos lleva en sus sandalias !

¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Mientras menos me pienses, más me amas.

Casi alba

Casi alba, como decir arroyo entre la fuente, como decir estrella, como decir paloma en cielo de alas.

Esta noche se ha ido casi aurora, casi ronda de luna entre montañas, como una sensación de golondrina al picar su ilusión en una rama.

Amanecer, sin alas para huirse, regreso de emoción hasta su alma, palomitas de amor entre mis manos que al asalto de amor subieron castas.

Noche rasgada al tiempo repetido, detenida ciudad de esencias altas, como una claridad rompes mi espíritu, circundas mi emoción como una jaula.

Amor callado y lejos… tímida vocecita de una dalia, así te quiero, íntimo, sin saberte las puertas al mañana, casi sonrisa abierta entre las risas, entre juego de luces, casi alba…

Coloquio sideral

¡Te adoré tanto anoche! -Me adoraste en ausencia.

-¡Te besé tanto anoche! -Me besaste en ausencia.

-¡Te miré tanto anoche ! -Me miraste en ausencia.

-¡Te adoré sin pensarte en la forma. Te besé sin sentirme en tu rostro. Te miré sin mirada y sin sol.

-¿Y eso es posible, amada? -Pregúntalo a la nube que cruzó por mi sueño y se posó en tu alma.

-¿Qué se posó en mi alma? -Cargada por la brisa, con la última nota de mi vida en canción…

-Y la brisa ¿qué hizo al sentirte en sus prados? -Con los ojos turbados presenció mi invasión…

-¿Y no quiso besarte? -Sus labios no alcanzaron mi corazón en flor. Hubo de ver mi rostro en sonrisa de agua, contigo en la emoción…

-¿Y así llegaste, amada? -Así miré tu alma, te besé en la sonrisa, y adoré tu ilusión…

Dadme mi número

¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman? ¿Me han olvidado entre las yerbas, mis camaradas más sencillos, todos los muertos de la tierra?

¿Por qué no suenan sus campanas? Ya para el salto estoy dispuesta. ¿Acaso quieren más cadáveres de sueños muertos de inocencia?

¿Acaso quieren más escombros de más goteadas primaveras, más ojos secos en las nubes, más rostro herido en las tormentas?

¿Quieren el féretro del viento agazapado entre mis greñas? ¿Quieren el ansia del arroyo, muerta en mi muerte de poeta?

¿Quieren el sol desmantelado, ya consumido en mis arterias? ¿Quieren la sombra de mi sombra, donde no quede ni una estrella?

Casi no puedo con el mundo que azota entero mi conciencia…

¡Dádme mi número! No quiero que hasta el amor se me desprenda… (Unido sueño que me sigue como a mis pasos va la huella.)

¡Dádme mi número, porque si no, me moriré después de muerta!

Donde comienzas tú…

Soy ola de abandono, derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños y de alas. Tú danzas por el agua redonda de mis ojos con la canción más fresca colgando de tus labios. ¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte por mis brazos mojados, y no quiero perderte ni en la sílaba !

Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida. Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros. Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas. El universo entero cruzaba por mis manos. ¡Oh día de sueño y ola; Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron. Y pasó la mañana, y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio y pasó la alba noche resbalando en los astros, exhibiéndose en pétalos y pasó mi letargo…

Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada, las dos manos del cielo me cerraron los párpados. Fue tan sólo una ráfaga, una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto. Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles, y por poco me parto de dolor esperando.

Pero llegaste, fértil, más intacto y más blanco. Y me llevaste, épico, venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.

Hoy anda mi caricia derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños con mañana. Soy ola de abandono, y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos… Yo misma soy un sueño remando por tus aguas !

El mar y tú La carrera del mar sobre mi puerta es sensación azul entre mis dedos, y tu salto impetuoso por mi espíritu es no menos azul, me nace eterno.

Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo nadan a mi encuentro, y en locura de amarme hasta el naufragio van rompiendo los puertos y los remos.

¡Si tuviera yo un barco de gaviotas, para sólo un instante detenerlos, y gritarle mi voz a que se batan en un sencillo duelo de misterio! Que uno en el otro encuentren su voz propia, que entrelacen sus sueños en el viento, que se ciñan estrellas en los ojos para que den, unidos, sus destellos.

Que sea un duelo de música en el aire las magnolias abiertas de sus besos, que las olas se vistan de pasiones y la pasión se vista de veleros.

Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo estiren en un sueño que se lleve mi barco de gaviotas y me deje en el agua de dos cielos.

Íntima

1 Se recogió la vida para verme pasar. Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante. Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante que se abría en mi interior, y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra. Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas. Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre.

2 Ha sonado un reloj la hora escogida de todos. ¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma. Las cosas circundantes reconquistan color y forma. Los hombres se mueven ajenos a sí mismos para agarrar ese minuto índice que los conduce por varias direcciones estáticas.

Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho. Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión. Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

La forma que se aleja y que fue mía un instante me ha dejado íntima. Y me veo claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre.

Nada

Como la vida es nada en tu filosofía, brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios que son ceros sensuales en tus azules besos; como todo azul, quimérica mentira de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo que se hunde y se levanta en tu carnal deseo; como todo lo carne, relámpago, chispazo, en la verdad mentira sin fin del Universo. Brindemos por la nada, bien nada de tu alma, que corre su mentira en un potro sin freno; como todo lo nada, buen nada, ni siquiera se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno; por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos; por todos, por los menos; por tantos y tan nada; por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos, nada entre nada y nada, cero entre cero y cero, y si entre nada y nada no puede existir nada, brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.

Noche de amor en tres cantos

I - Ocaso

¡Cómo suena en mi alma la idea de una noche completa en tus brazos diluyéndome toda en caricias mientras tú te me das extasiado!

¡Qué infinito el temblor de miradas que vendrá en la emoción del abrazo, y qué tierno el coloquio de besos que tendré estremecida en tus labios!

¡Cómo sueño las horas azules que me esperan tendida a tu lado, sin más luz que la luz de tus ojos, sin más lecho que aquel de tu brazo!

¡Cómo siento mi amor floreciendo en la mística voz de tu canto: notas tristes y alegres y hondas que unirán tu emoción a tu rapto!

¡Oh la noche regada de estrellas que enviará desde todos sus astros la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!

II - Media noche

Se ha callado la idea turbadora y me siento en el sí de tu abrazo, convertida en un sordo murmullo que se interna en mi alma cantando.

Es la noche una cinta de estrellas que una a una a mi lecho han rodado; y es mi vida algo así como un soplo ensartado de impulsos paganos.

Mis pequeñas palomas se salen de su nido de anhelos extraños y caminan su forma tangible hacia el cielo ideal de tus manos.

Un temblor indeciso de trópico nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto, se han besado tu vida y mi vida… y las almas se van acercando!

¡Cómo siento que estoy en tu carne cual espiga a la sombra del astro! ¡Cómo siento que llego a tu alma y que allá tú me estás esperando!

Se han unido, mi amor, se han unido nuestras risas más blancas que el blanco, y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima se han besado tu llanto y mi llanto…

¡Cómo muero las últimas millas que me ataban al tren del pasado! ¡Qué frescura me mueve a quedarme en el alba que tú me has brindado!

III - Alba

¡Oh la noche regada de estrellas que envió desde todos sus astros la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!

¡Cómo suena en mi alma la clara vibración pasional de mi amado, que se abrió todo en surcos inmensos donde anduve mi amor, de su brazo!

La ternura de todos los surcos se ha quedado enredando en mis pasos, y los dulces instantes vividos siguen, tenues, en mi alma soñando…

La emoción que brotó de su vida -que fue en mí manantial desbordado-, ha tomado la ruta del alba y ahora vuela por todos los prados.

Ya la noche se fue; queda el velo que al recuerdo se enlaza, apretado, y nos mira en estrellas dormidas desde el cielo en nosotros rondando…

Ya la noche se fue; y a las nuevas emociones del alba se ha atado. Todo sabe a canciones y a frutos, y hay un niño de amor en mi mano.

Se ha quedado tu vida en mi vida como el alba se queda en los campos; y hay mil pájaros vivos en mi alma de esta noche de amor en tres cantos.

¡Oh mar, no esperes más!

Tengo caído el sueño, y la voz suspendida de mariposas muertas. El corazón me sube amontonado y solo a derrotar auroras en mis párpados. Perdida va mi risa por la ciudad del viento más triste y devastada. Mi sed camina en ríos agotados y turbios, rota y despedazándose. Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. ¡Oh mar, no esperes más! Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Inútilmente estiro mi camino sin luces. Como muertos sin sitio se sublevan mis voces. ¡Oh mar, no esperes más! Déjame amar tus brazos con la misma agonía con que un día nací. Dame tu pecho azul, y seremos por siempre el corazón del llanto…

Para hallarte esta noche las pupilas distantes…

Para hallarte esta noche las pupilas distantes, he dominado cielos, altamares, y prados. He deshecho el sollozo de los ecos perdidos… tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.

Siénteme la sonrisa. Es el último sueño de una espiga del alba que se unió a mi reclamo… Yo quiero que adelantes en espíritu y alas mi canción enredada de trinos y de pájaros.

Te esperaré la vida. Levántame el ensueño. Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios. ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía, se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!

Vuélvete la caricia. No quiero que limites tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio. Recorrerme es huirse de todos los senderos… Soy el desequilibrio danzante de los astros.

Poema de la íntima agonía

Este corazón mío, tan abierto y tan simple, es ya casi una fuente debajo de mi llanto.

Es un dolor sentado más allá de la muerte. Un dolor esperando… esperando… esperando…

Todas las horas pasan con la muerte en los hombros. Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos.

No me cesa en los ojos de golpear el crepúsculo, ni me tumba la vida como un árbol cansado.

Este corazón mío, que ni él mismo se oye, que ni él mismo se siente de tan mudo y tan largo.

¡Cuántas veces lo he visto por las sendas inútiles recogiendo espejismos, como un lago estrellado!

Es un dolor sentado más allá de la muerte, dolor hecho de espigas y sueños desbandados.

Creyéndome gaviota, verme partido el vuelo, dándome a las estrellas, encontrarme en los charcos.

¡Yo que siempre creí desnudarme la angustia con sólo echar mi alma a girar con los astros!

¡Oh mi dolor, sentado más allá de la muerte! ¡Este corazón mío, tan abierto y tan largo!

Poema perdido en pocos versos

¡Y si dijeran que soy como devastado crepúsculo donde ya las tristezas se durmieron! Sencillo espejo donde recojo el mundo. Donde enternezco soledades con mi mano feliz.

Han llegado mis puertos idos tras de los barcos como queriendo huir de su nostalgia. Han vuelto a mi destello las lunas apagadas que dejé con mi nombre vociferando duelos hasta que fueran mías todas las sombras mudas.

Han vuelto mis pupilas amarradas al sol de su amor alba. ¡Oh amor entretenido en astros y palomas, cómo el rocío feliz cruzas mi alma! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! Agigantada en cósmicas gravitaciones ágiles, sin reflexión ni nada…

Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas… Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas, desde que hallé tu corazón en la ventana de mi rostro enfermo.

¡Oh pájaro de amor, que trinas hondo, como un clarín total y solitario, en la voz de mi pecho! No hay abandono… ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.

¡Oh pájaro de amor, que vas nadando cielo en mi tristeza…! Más allá de tus ojos mis crepúsculos sueñan con bañarse en tus luces…

¿Es azul el misterio?

Asomada en mí misma contemplando mi rescate, que me vuelve a la vida en tu destello..

Si fuera todo mar…

¡Si fuera todo mar, para nunca salirme de tu senda!

¡Si Dios me hiciera viento, para siempre encontrarme por tus velas!

¡Si el universo acelerara el paso, para romper los ecos de esta ausencia!

Cuando regreses, rodará en mi rostro la enternecida claridad que sueñas. Para mirarte, amado, en mis ojos hay público de estrellas.

Cuando me tomes, trémulo, habrá lirios naciendo por mi tierra, y algún niño dormido de caricia en cada nido azul que te detenga.

Nuestras almas, como ávidas gaviotas, se tenderán al viento de la entrega, y yo, fuente de olas, te haré cósmico… ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas!

Recogeremos albas infinitas, las que duermen al astro en la palmera, las que prenden el trino en las alondras y levantan el sueño de las selvas.

En cada alba desharemos juntos este poema exaltado de la espera, y detendremos de emoción al mundo al regalo nupcial de auroras nuestras.

Silencio de angustia

Tengo el desesperante silencio de la angustia y el trino verde herido… ¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro? ¿Por qué todas las músicas no se rompen a un tiempo a recibir mi nombre? -¡Ah, sí, mi nombre, que me vistió de niña y que sabe el sollozo que me enamora el alma!

Te llevarán

Para ese día de sombra que llegará, amor mío, no risco volcado dentro de un manantial, ese día de espanto y pañuelos al viento catemos desde ahora, que la vida se va.

Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio, a la sorda derrota y a la impar soledad, venceremos la muerte, venceremos la nada, y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán.

Cantemos, si, cantemos, que hay un solo minuto uno sólo aguardando nuestro mundo cruzar: ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda su oferta de lágrimas y mañanas sin paz.

¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen, los labios del mar lloran que sí. ¡Te llevarán! Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron, bajarán quedamente a nutrir a la mar.

Podrás amarme en sueños, pero mi voz, mi risa, ojos con riachuelos, de ti se ocultarán. Puede estrecharte el eco que ha estrechado mi nombre desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás!

Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches apagadas y crueles de tu pena inmortal, mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño la ternura que mi alma te ha salvado del mar.

Amado, mis verdugos ya me han medido el paso, el color de mis huellas conocen, y mi ajuar: el pudor duerme nupcias eternas con la forma; hacia el alma es muy largo el camino que andar.

¡Te llevarán! Para esa eternidad de llanto cantemos desde ahora que la vida se va. Para ese día de espanto y pañuelos al viento la canción de la muerte nos llegara del mar.

Te quiero

Te quiero… y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.

Te quiero en los arroyos pálidos que viajan en la noche, y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.

Te quiero en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.

Te quiero en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño en le cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica, en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.

Te quiero (grito de noche blanca…) en el insomnio reflexivo de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

Te quiero… Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas, y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

Te seguiré callada

Te seguiré por siempre, callada y fugitiva, por entre oscuras calles molidas de nostalgia, o sobre las estrellas sonreídas de ritmos donde mecen su historia tus más hondas miradas.

Mis pasos desatados de rumbos y fronteras no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan. Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones de espalda a los estático, irrumpen en tu alma.

Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve, me doblaré el instinto y amaré tus pisadas; y serán hojas simples las que iré deshilando entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma, con la emoción en alto y la ambición sellada, te seguiré por siempre, callada y fugitiva, por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.

Transmutación

Estoy sencilla como la claridad… Nada me dice tanto como tu nombre repetido de montaña a montaña por un eco sin tiempo que comienza en mi amor y rueda hasta el infinito…

¡Tú…! Casi paloma erguida sobre un mundo de alas que has creado en mi espíritu.

Tú lo dominas todo para mi claridad. Y soy simple destello en albas fijas amándote…

Ningún viento agitado seduce mi reposo de ternuras naciendo y apretándose entre tu mano y mi sollozo.

Una afluencia de ríos por nacer, y golondrinas mudas, se estrecha contra mí allí donde tu alma me dice al corazón la palabra más leve.

Mis pies van despegados de rastros amarillos y escalan techos infatigados de mariposas donde el sol, sin saberlo, se ha visto una mañana, deslumbrante…

Para amarte me he desgarrado el mundo de los hombros, y he quedado desierta en mar y estrella, sencilla como la claridad.

Aquí no hay geografía para manos ni espíritu. Estoy sobre el silencio y en el silencio mismo de una transmutación donde nada es orilla…

Víctima de luz

Aquí estoy, desenfrenada estrella, desatada, buscando entre los hombres mi víctima de luz.

A ti he llegado. Hay algo de universo en tu mirada, algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos, algo de amanecida nostalgia entretenida en imitar palomas…

Mirarte es verme entera de luz rodando en un azul sin barcos y sin puertos.

Es inútil la sombra en tus pupilas… Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas.

Eres, entre las frondas, mi víctima de luz. Eso se llama amor, desde mis labios.

Tienes que olvidar sendas, y disponerte a manejar el viento.

¡A mis brazos, iniciado de luz, víctima mía!

Pareces una espiga debajo de mi alma, y yo, pleamar tendida bajo tu corazón.

Voces para una nota sin paz

Para Julia de Burgos por Julia de Burgos

Será presente en ti tu manantial. Estarás en las ramas del universo entero. Déjame que te cante como cuando eras mía en la llovizna fresca del primer aguacero.

Tu mano en semi-luna, en semi-sol y en todo se refugiaba núbil, sobre la mano mía. Porque yo te cuidaba, hermanita silvestre y sabes que lloraba en tus claras mejillas.

Será presente en ti tu manantial sin sombras. Estarás en las ramas del universo entero. Pero ¿dónde dejaste tu paz? « En cada herida» me contestan tus ojos anegados por dentro.

Déjame que te cante como cuando eras mía, hermanita silvestre, como cuando trepamos el astro que salía a dormir soledades entre nuestras pupilas destiladas de amor.

Déjame que te cante como cuando eras mía, y era paz el silencio de mi profunda ola, y era paz la distancia de tu nombre y mi nombre y era paz el sollozo de la muerte que espera.

Será presente en ti tu manantial sin sombras… Estarás en las ramas del universo mío y todas las estrellas se bajarán cantando la canción del espacio refugiada en un río.

Yo fui la más callada…

Yo fui la más callada de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales, ni las sordas campanas de ancestrales reflejos; mi ruta era la música salvaje de los pájaros que soltaba a los aires mi bondad en revuelo…

No me cargaron buques pesados de opulencia, ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo; encima de los buques mi rostro aparecía silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales que prometía tu mano colmada de destellos: sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida. Te parecías al mar, resonante y discreto. Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos. Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto: tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

Un día, por las playas amarillas de histeria, muchas caras ocultas de ambición te siguieron; por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos se colaron las voces sin cruzar tu misterio…

Yo fui la más callada. La voz casi sin eco. La conciencia tendida en sílaba de angustia, desparramada y tierna, por todos los silencios.

Yo fui la más callada. La que saltó la tierra sin más arma que un verso. ¡Y aquí me veis, estrellas, desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!