Dile que no me tema, amor, y dile...

Dile que no me tema, amor, y dile…

Dile que no me tema, amor, y dile que estoy a su lado como el aire, como un cristal de niebla o como el viento que se aquieta la tarde. Dile que no me huya, amor, y dile que no me vuelva a herir, que no me aparte, que soy el brillo húmedo en sus ojos y el latido en su sangre. Dile que no me aleje, amor, y dile que yo soy el umbral de su morada, el agua de su sed y aquel único pan para su hambre, Dile que no se oculte, amor, y dile que ya no tengo rostro ni señales de haber vivido antes de quererme. De haber vivido, antes. Dile que no recuerde y dile que no respire, amor, sin respirarme.