No quiero esto de andar enamorado, estar triste y alegre sin motivo, saberse generoso y vengativo, dormirse sin dormir. Y estar cansado.
Y sin embargo, es el acostumbrado milagro de estar trémulo y altivo, tanto más libre cuando más cautivo, tanto más rico cuanto más se ha dado.
Esto de respirar bebiendo el aire, sentirse rey, temblar frente al desaire, con el gesto indeciso y la mirada
más cerca o más allá del horizonte, sufrir el sol, tratar que no tramonte, mirar sin ver. Y ver, sin mirar nada.