Voy hacia ti como una rosa viva deshojada en distancias y en esperas… No lo sabes aún. Y no aceleras el encuentro en la hora decisiva.
Voy hacia ti con precisión altiva y antes que yo -oscuras mensajeras del porvenir- las grises hilanderas van tejiendo la trama fugitiva.
Estás en mí. Y no eres el culpable: algo de tu presencia indescifrable me dilata en las venas el latido
y se estira en mi piel con grave alarde. Mis pájaros se alargan en la tarde y todo es tan perfecto, que ya ha sido.