Yo me pregunto así, de qué manera recomienza aquel cántico olvidado, surge aquel horizonte de una distante playa sin reparo. De qué extraña manera los labios se entreabren o se pliegan y las manos adquieren un tremendo rebrotar de caricias. Por qué, en alguna hora, nada es más importante que pensarlo, como un arroyo terco sobre la tierra.
No sé de qué manera ha sucedido pero aquí está otra vez, huésped callado, nocturno pasajero, fracturador de vidrios, escalador de muros, humilde visitante, sigiloso fantasma, bandolero magnífico y perverso. Yo me pregunto entonces, en qué forma crece otra vez la insólita marea que embiste contra el pecho desde adentro, de qué modo barbota aún la sangre eterna solfatara mientras un lento río de tambores golpea incoercible en las arterias.
Y sin embargo, ahora, todavía, no ha hecho todo el daño: su presencia es apenas una máscara. Pero qué dura imagen es su ausencia.