De "Mi museo ideal"

De “Mi museo ideal”

1. Elena

Luz fosfórica entreabre claras brechas en la celeste inmensidad, y alumbra del foso en la fatídica penumbra cuerpos hendidos por doradas flechas.

Cual humo frío de homicidas mechas en la atmósfera densa se vislumbra vapor disuelto que la brisa encumbra a las torres de Ilión, escombros hechas.

Envuelta en veste de opalina gasa, recamada de oro, desde el monte de ruinas hacinadas en el llano,

indiferente a lo que en torno pasa, mira Elena hacia el lívido horizonte, irguiendo un lirio en la rosada mano. * * *

2. Galatea

En el seno radioso de su gruta, alfombrada de anémonas marinas, verdes algas y ramas coralinas, Galatea, del sueño el bien disfruta.

Desde la orilla de dorada ruta donde baten las ondas cristalinas, salpicando de espumas diamantinas el pico negro de la roca bruta,

Polifemo, extasiado ante el desnudo cuerpo gentil de la dormida diosa, olvida su fiereza, el vigor pierde,

y mientras permanece, absorto y mudo, mirando aquella piel color de rosa, incendia la lujuria su ojo verde.


3. La aparición

Nube fragante y cálida tamiza el fulgor del palacio de granito, ónix, pórfido y nácar. Infinito deleite invade a Herodes. La rojiza

espada fulgurante inmoviliza hierático el verdugo, y hondo grito arroja Salomé frente al maldito espectro que sus miembros paraliza.

Despójase del traje de brocado y, quedando vestida en un momento, de oro y perlas, zafiros y rubíes,

huye del Precursor decapitado que esparce en el marmóreo pavimento lluvia de sangre en gotas carmesíes. * * *

4. Paisaje de verano

Polvo y moscas. Atmósfera plomiza donde retumba el tabletear del trueno y, como cisnes entre inmundo cieno, nubes blancas en cielo de ceniza.

El mar sus ondas glaucas paraliza, y el relámpago, encima de su seno, del horizonte en el confín sereno traza su rauda exhalación rojiza.

El árbol soñoliento cabecea, honda calma se cierne largo instante, hienden el aire rápidas gaviotas,

el rayo en el espacio centellea, y sobre el dorso de la tierra humeante baja la lluvia en crepitantes gotas.


5. Pax Animae

No me habléis más de dichas terrenales que no ansío gustar. Está ya muerto mi corazón, y en su recinto abierto sólo entrarán los cuervos sepulcrales.

Del pasado no llevo las señales y a veces de que existo no estoy cierto, porque es la vida para mí un desierto poblado de figuras espectrales.

No veo más que un astro oscurecido por brumas de crepúsculo lluvioso, y, entre el silencio de sopor profundo,

tan sólo llega a percibir mi oído algo extraño y confuso y misterioso que me arrastra muy lejos de este mundo. * * *

6. Prometeo

Bajo el dosel de gigantesca roca yace el Titán, cual Cristo en el Calvario, marmóreo, indiferente y solitario, sin que brote el gemido de su boca.

Su pie desnudo en el peñasco toca donde agoniza un buitre sanguinario que ni atrae su ojo visionario ni compasión en su ánimo provoca.

Escuchando el hervor de las espumas que se deshacen en las altas peñas, ve de su redención luces extrañas,

junto a otro buitre de nevadas plumas, negras pupilas y uñas marfileñas que ha extinguido la sed en sus entrañas. * * *

7. Salomé

En el palacio hebreo, donde el suave humo fragante por el sol deshecho, sube a perderse en el calado techo o se dilata en la anchurosa nave,

está el Tetrarca de mirada grave, barba canosa y extenuado pecho, sobre el trono, hierático y derecho, como adormido por canciones de ave.

Delante de él, con veste de brocado estrellada de ardiente pedrería, al dulce son del bandolín sonoro,

Salomé baila y, en la diestra alzado, muestra siempre, radiante de alegría, un loto blanco de pistilos de oro. * * *

8. Tristissima Nox

Noche de soledad. Rumor confuso hace el viento surgir de la arboleda, donde su red de transparente seda grisácea araña entre las hojas puso.

Del horizonte hasta el confín difuso la onda marina sollozando rueda y, con su forma insólita, remeda tritón cansado ante el cerebro iluso.

Mientras del sueño bajo el firme amparo todo yace dormido en la penumbra, sólo mi pensamiento vela en calma,

como la llama de escondido faro que con sus rayos fúlgidos alumbra el vacío profundo de mi alma.