Post Umbra

Post Umbra

  1. Post umbra Cuando yo duerma, solo y olvidado, dentro de oscura fosa, por haber en tu lecho malgastado mi vida vigorosa;

cuando en mi corazón, que tuyo ha sido, se muevan los gusanos lo mismo que en un tiempo se han movido los afectos humanos;

cuando sienta filtrarse por mis huesos gotas de lluvia helada, y no me puedan reanimar tus besos ni tu ardiente mirada;

una noche, cansada de estar sola en tu alcoba elegante, saldrás, con tu belleza de española, a buscar otro amante.

Al verte mis amigos licenciosos tan bella todavía, te aclamarán, con himnos estruendosos, la diosa de la orgía.

Quizá alguno, ¡oh, bella pecadora!, mirando tus encantos, te repita, con voz arrulladora, mis armoniosos cantos;

aquellos en que yo celebré un día tus amores livianos, tu dulce voz, tu femenil falsía, tus ojos africanos.

Otro tal vez, dolido de mi suerte y con mortal pavura, recuerde que causaste tú mi muerte, mi muerte prematura.

Recordará mi vida siempre inquieta, mis ansias eternales, mis sueños imposibles de poeta, mis pasiones brutales.

Y, en nuevo amor tu corazón ardiendo, caerás en otros brazos, mientras se esté mi cuerpo deshaciendo en hediondos pedazos.

Pero yo, resignado a tu falsía, soportaré el martirio. ¿Quién pretende que dure más de un día el aroma de un lirio?


4. Ruego

Déjame reposar en tu regazo el corazón, donde se encuentra impreso el cálido perfume de tu beso y la presión de tu primer abrazo.

Caí del mal en el potente lazo, pero a tu lado en libertad regreso, como retorna un día el cisne preso al blando nido del natal ribazo.

Quiero en ti recobrar perdida calma y rendirme en tus labios carmesíes, o al extasiarme en tus pupilas bellas,

sentir en las tinieblas de mi alma como vago perfume de alelíes, como cercana irradiación de estrellas.