Candor

Candor

Azul… azul… azul estaba el cielo. El hálito quemaste del estío comenzaba a dorar el terciopelo del prado, en donde se remansa el río.

A lo lejos, el humo de un bohío, tal de una novia el intocado velo, se alza hasta perderse en el vacío con un ondulante y silencioso vuelo.

De pronto me dijiste: -El amor mío es puro y blando, así como ese río que rueda allá sobre el lejano suelo-

y me miraste al terminar, tranquila, con el alma asomada a tu pupila. Y estaba azul tu alma como el cielo.