Con la pompa de brahmánicas unciones, abrióse el lecho de sus primaveras, ante un lúbrico rito de panteras, y una erección de símbolos varones…
Al trágico fulgor de los hachones, ondeó la danza de las bayaderas por entre una apoteosis de banderas y de un siniestro trueno de leones.
Ardió al epitalamio de tu paso, un himno de trompetas fulgurantes… Sobre mi corazón, los hierofantes
ungieron tu sandalia, urna de raso, a tiempo que cien blancos elefantes, enroscaron su trompa hacia el ocaso.