Sobre el rojo diván de seda intacta, con dibujos de exótica graminea, jadeaba entre mis brazos tu virgínea y exangüe humanidad de curva abstracta…
Miró el felino con sinuosa línea de opalo; y en la noche estupefacta, desde el jardín, la Venus curvilínea manifestaba su esbeltez compacta.
Ante el alba, que izó nimbos grosellas, ajáronse las últimas estrellas… El Cristo de tu lecho estaba mudo.
Y como un huevo, entre el plumón de armiño que un cisne fecundara, tu desnudo seno brotó del virginal corpiño…