una mujer me invoca…
Desde el fondo del vino una mujer me invoca con un riesgo sinuoso. Su cuerpo se ilumina como exaltada llama empañada de invierno, como enterrada lluvia rompiendo sus latidos, deshaciéndose en música envolvente, tan desolada y bella, hasta cegarme.
El oro fascinado de su risa me lleva hasta el delirio de celebrar su cuerpo. Con su hechizo me invade desde el aura de su rosa sombría, que absorbe en su corola el absoluto tiempo que viví.
Y así, preso y errante, en su inquieto perfume tibiamente lejano, me destierra en el vino bajo la maldición de su recuerdo.