Dame lo que no tienes, pero que es tu esencia, acaso ese deseo tan íntimo y prohibido, lo más tuyo: tu entrega y tu renuncia. Todo lo que has de ser cuando tu plenitud alcance el porvenir que ha madurado como un dorado fruto por la luz del otoño.
Tal vez la noche tersa nos reúna para que conozcamos el mal de lo difícil, el daño indivisible del amor, en donde al fin podamos existir en el tenue esplendor con que la vida nos elige y nos mezcla fatalmente.
Por eso yo te pido que con firmeza cumplas el acerbo ritual de los esclavos: cambiar la libertad de la esperanza por el ansia que juntos nos apresa.