Yo misma no lo sé, pero vencida, rendí a su orgullo mi virtud pagana, y fui por un momento cortesana, en el sarcasmo de mi propia vida.
Con beso ausente refresqué su herida, absorta en él me le fingí lejana, su voluntad despedacé liviana y su pasión hallome arrepentida.
Fue un instante no más. Placer no hubo. Pero su boca entre mi boca tuvo amor y angustia, languidez y olvido.
Sobre el cansancio me tendí cobarde y fui para su anhelo aquella tarde tan grande y cruel como jamás lo he sido.