El beso

El beso

Cállate, nada digas. No quiero que disipes este blando misterio… Deja que en el hondor de los minutos, se asfixien las palabras y arda sólo el deseo.

Bésame así, despacio. Qué profundos tus ojos, dos silencios tocados con un velo de caricia tiñendo la blancura de mi carne con el oro rosado del incendio. ¡Qué flexible tu boca! Tiene a veces palpitación de ruego, o es tan cálida y suave, como una fruta bajo el sol madura o como el pálido rubor de un seno.

Bésame así…..despacio. Que tu lengua como una llama viva alimente mis sueños, y después en mi lánguido abandono, sea una brisa limpia brillando en los jazmines de mi lecho.

¿Y dices que es un tósigo en mis noches de soledad ansiosa tu recuerdo? Pero no, que el veneno me lo diste entre los opios tibios de tu aliento.

Así…despacio. Que mi cuerpo todo para tus labios sea tibio estremecimiento, y que tu vida baje hasta mi vida bajo la muda encarnación de un beso.

En secreto

Ven, acércate más, bebe en mi boca esto que llamas nieve; verás que con tu aliento se desata, verás que entre tus labios se enrojecen los pétalos del ámbar….

Ven, acércate más. Muerde mi carne con tus manos morenas; verás qué dulcemente se desmaya el cactus de mi cuerpo, y surge tenue de la nieve dura la misteriosa suavidad del nácar.

No sentirás mi carne llamearse con tersas rosas cárdenas, pero sabrás que es tibia como un nido de plumas sonrosadas…

Ven, acércate más, bebe el aliento que se aleja de mí como una ráfaga; en vez de fuego sentirás el fresco despliegue de mis alas….

Deja que entre tu pelo se deshojen mis manos delicadas; sabré quererte con quietud de arrullo, sabré dormirte con calor de lágrimas.

Nadie en la vida te dará más seda que la que yo destrenzaré en tu almohada; tendrá el olor del musgo humedecido y una sutil irradiación castaña.

Ven, acércate más. Para tu cuerpo seré una azul ondulación de llama, y si tu ardor entre mi nieve prende, y si mi nieve entre tu fuego cuaja, verás mi cuerpo convertirse en cuna para que el hijo de tus sueños nazca.