Señora, Dama, dueña de mis votos! ¿cuándo veré tus ojos encantados, tus manos inasibles, tus dedos abusados, y tus cabellos -piélagos ignotos-
Cuándo veré tus ojos encantados, y oiré tu voz de ritmos sosegados…! Pero serán todos mis sueños rotos por el furor de inevitables notos… y tus manos pequeñas -los dedos ahusados- no curarán mis rudos alborotos, ni darán paz a mis martirizados labios, que ardieron odios y sedes y pecados…!
Señora, Dama, dueña de mis votos! nunca veré tus ojos encantados, ni tus cabellos -piélagos ignotos- ni oiré tu voz de ritmos sosegados…, ni besarán tus labios ambiciados, sobre mi frente, mis ensueños rotos…!