Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora… ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo.