No hay paisaje sin ti. Qué roca oscura, qué mar de plomo, qué amarillo cielo. Es sólo tu mirada la que infunde belleza y claridad. Máquina extraña que elabora el prodigio del paisaje.
Sólo es rosa la rosa si la miras y este trozo de tierra abrupta y este trozo de mar sombrío se revelan en tus laboratorios cerebrales. Ah, si fuese verdad tanta belleza. Pero la verdad nace en los sentidos. La verdad es tu mano y es tu lengua, tu nariz, tus oídos, tus pupilas y tu humana conciencia recogiendo tanto material presto a la hermosura.
Cuando la bomba aséptica extermine córneas, tímpanos, lenguas, pituitarias y piel en forma tuya edificados, ¿qué será de esta pobre geografía sin el soplo de un dios que la despierte?