Frente a frente y el puzzle en medio. Sé que pude acertar solo el acertijo pero es más llevadero buscar juntos las piezas que completen el diseño. Nunca damos con todas: huecos hay porque ignoramos los cartones-guía, porque no damos con la pieza-clave, la pieza-madre que clausure el juego.
Tú sabes que encontramos piezas falsas, quizá piezas que fueran de un tablero distinto, de otra caja. Parecían nuestras, mas su perfil no era el exacto. Apartarlas costó: nunca se juega sin arrancar un poco de esperanza, nunca se manipulan los proyectos sin arañar la piel de la alegría.
Volvamos juntos al rompecabezas. No tengas miedo de elegir en vano, siempre vale la pena pretender dar un poco de amor al jeroglífico. Poco a poco el enigma se resuelve aunque se quede un cabo por atar. Hacer un puzzle es conseguir que todo concuerde con los límites del sueño.
Porque soñar, jugar, vivir, son sólo formas de despejar la misma incógnita, fórmulas variadas de escoger las piezas y limar sus bordes ásperos. Tantos años y no hemos hecho nada más que intentar un poco de armonía entre las ciegas fichas que nos dieron por si solucionamos lo insoluble.
Elegía
Con sus alas de plomo va la tarde; pasa en la piel ceniza de los campos. Difusamente cunde la penumbra, vellón de sucia lana en el ocaso.
Tú eras también de luna y de paisaje… Se ha oscurecido el mundo entre tus manos. Se ha detenido el tiempo, río sordo. La luz ya es sólo sombra de tus párpados.
Se siente caminar lejanamente. Alguien cruza en la sombra hacia el pasado. Nada delante. Olvido. dios en sueños aún alienta en el alma su amor manso.
Se retorna al recuerdo cual las olas, una vez y otra vez, con lento paso. Duele el amor, duele la certidumbre de saberse de amor y odio poblados.
¿Ves? Somos cual la encina, aquí en la sombra. Honda raíz, enfurecidos brazos. Ferviente savia oculta nos abrasa. La libertad nos nace por el llanto.
como la luz, aquí también morimos, en el hermoso otoño del ocaso. Un ascua fugitiva hacia la sombra. el amor anochece en nuestros labios.