El astro propicio

El astro propicio

Al rendirse tu intacta adolescencia, emergió, con ingenuo desaliño, tu delicado cuello, del corpiño anchamente floreado. En la opulencia,

del salón solitario, mi cariño te brindaba su equívoca indulgencia sintiendo muy cercana la presencia del duende familiar, rosa y armiño.

Como una cinta de cambiante falla, tendía su color sobre la playa la tarde. Disolvía tus sonrojos,

en insidiosas mieles mi sofisma, y desde el cielo fraternal, la misma estrella se miraba en nuestros ojos.