El éxtasis

El éxtasis

Dormía la arboleda; las ventanas llenábanse de luz como pupilas; las sendas grises se tornaban lilas; cuajábanse la luz en densas granas.

La estrella que conoce por hermanas desde el cielo tus lágrimas tranquilas, brotó, evocando al son de las esquilas, el rústico Belén de las aldeanas.

Mientras en las espumas del torrente deshojaba tu amor sus primaveras de muselina, relevó el ambiente

la armoniosa amplitud de tus caderas, y una vaca mugió sonoramente allá, por las sonámbulas praderas.