Tormenta:
Érase una caverna de agua sombría el cielo; El trueno, a la distancia, rodaba su peñón; Y una remota brisa de conturbado vuelo, Se acidulaba en tenue frescura de limón.
Como caliente polen exhaló el campo seco Un relente de trébol lo que empezó a llover. Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco, Se vio el cardal con vívidos azules florecer.
Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo; Sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal, y el firmamento entero se derrumbó en un rayo, Como un inmenso techo de hierro y de cristal.
Lluvia:
Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto Que plantaba sus líquidas varillas al trasluz, O en pajonales de agua se espesaba revuelto, Descerrajando al paso su pródigo arcabuz. Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces; Descolgó del tejado sonoro caracol; y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces. Transparente y dorada bajo un rayo de sol.
Calma:
Delicias de los árboles que abrevó el aguacero. Delicia de los gárrulos raudales en desliz. Cristalina delicia del trino del jilguero. Delicia serenísima de la tarde feliz.
Plenitud:
El cerro azul estaba fragante de romero, y en los profundos campos silbaba la perdiz.