Venus victa

Venus victa

Pidiéndome la muerte, tus collares desprendiste con trágica alegría y en su pompa fluvial la pedrería se ensangrentó de púrpuras solares.

Sobre tus bizantinos alamares gusté infinitamente tu agonía, a la hora en que el crepúsculo surgía como un vago jardín tras de los mares.

Cincelada por mi estro, fuiste bloque sepulcral, en tu lecho de difunta; y cuando por tu seno entró el estoque

con argucia feroz su hilo de hielo, brotó un clavel bajo su fina punta en tu negro jubón de terciopelo.