De Sophía

De Sophía

Entre los bailarines y su danza la vi cruzar, a mediodía, el huerto, sola como la voz en el desierto, pura como la recta de una lanza.

Su idioma era una flor en la balanza: justo en la cifra, en el regalo cierto; y su hermosura un territorio abierto a la segura bienaventuranza.

Nadie la vio llegar: entre violines festejaban oscuros bailarines la navidad del fuego y del retoño.

¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía! Desnuda estaba y al Pasar decía: “Mi señor tiene Un prado sin otoño”. De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940