Del hombre, su color, su sonido y su muerte

Del hombre, su color, su sonido y su muerte

Nuestros idiomas en guerra son alabanza del día. El día nuevo tiene la forma de un vaso: pide colmarse de nuestra música. Somos ligeros y en nuestro baile no se fatiga la tierra; vamos unidos, alta mazorca de humos.

Aventamos palabras en los caminos de la mujer y del hombre: y arrecia la mujer igual que un viento. “Puras conversan las armas a mediodía -dijimos-: nunca segaron del todo la mies.”

Y nuestra sangre al sol es la rosa más roja…

Sonido de hombre, color de hombre, ¡arraiguemos ese poder en el día! El día nuevo tiene la forma de un vaso: pide colmarse de nuestro color.

Pero decimos al fin: “Color extranjero somos, y se ha demorado el pie junto a la tierra y su baile. Manos de segador alzaba el tiempo: somos un humo que busca la patria del humo”. Así cantamos al fin, y es alabanza del día. El día nuevo tiene la forma de un vaso: pide colmarse de nuestra muerte.

De “Odas para el hombre y la mujer” 1929