(fragmento)
Tuve un segundo encuentro en el Tuyú, junto al mar que bramaba como un toro y en cierto mediodía de salitre. Acostado en las algas vi el Amor, doble y uno en su forma de andrógino admirable: la parte del Varón ( crines y bronces) y la de la Mujer (plumas y rosas) buscaban la unidad en un abrazo de dos metales puestos en crisol. Y digo que, a mi vista, la región de la hembra se iba trocando en la región del macho y la del macho en la de la mujer, las crines y las plumas en fusión, los bronces y las rosas confundidos, hasta no ser ni el macho ni la hembra, sino los dos en uno y en ninguno. Con el primer encuentro se puede hablar de Amor: con el segundo nace la Erótica infinita.