Bufón soy y mimo al hombre en esta escalera cerrada con peces muertos en sus peldaños y una sirena ahogada en mi mano que enseño mudo a los viandantes pidiendo como el poeta limosna mano de la asfixia que acaricia tu mano en el umbral que me une al hombre que pasa a la distancia de un corcel y cándido sella el pacto sin saber que naufraga en la página virgen en el vértice de la línea, en la nada cuel de la rosa demacrada donde no estoy yo ni está el hombre.
“Poemas del manicomio de Mondragón”