No sentiste, crisálida aun el peso del aire...

No sentiste, crisálida aun el peso del aire…

No sentiste crisálida aun el peso del aire en tu cuerpo aun sin límites no hubo deseos alas en tu cuerpo aun sin límites ciega luz no sentiste oh diamante aun intacto el peso del aire.

A lo lejos azules las montañas qué esperan Por dónde van las águilas. Cruzan sombras la nieve Canta el viento en los álamos los arroyos susurran Las luciérnagas brillan en las noches serenas Olor denso a resina crepitan las hogueras Con antorchas acosan y dan muerte a los lobos En combate de luces derrotada la nieve Nada turba el jazmín al aire florecido

Y sus rubias cabezas sobre la hierba húmeda

Son sus ojos azules un volcán apagado En el viento naufragan sus cabellos de oro De sus muslos inmóviles tanta luz que deserta

Cómo duele en la sombra desear cuerpos muertos.

La mies amarillea caen a tierra los frutos Ellos vuelven cansados y no hay luz en sus ojos Pero los huesos brillan y dividen la noche Hueste antigua que danza alrededor del fuego La hora es del regreso y no hay luz en sus ojos Salpicaduras al borde del camino cabellos aplastados La hora es del regreso tened cuidado aguardan.

Las luciérnagas brillan en las noches serenas

Canta el viento en los huesos como en álamos secos entra en el pecho silba y ríe en las mandíbulas entre las ramas flota de un ruiseñor el canto y como un río el viento acaricia sus cuencas

A lo lejos azules las montañas qué esperan Una antorcha en la mano de mármol una llama de gas bajo el arco vacila Y sus nombres apenas quiebran la luz el aire

Sepultará la tierra tan débiles cenizas volarán sobre ellas golondrinas y cuervos sobre ellas rebaños pasarán hacia el Sur se alzará sobre ellas el sueño de pastores y desnuda la tierra morirá con la nieve La hora es del regreso en sus labios asoman olvidadas canciones rostros contra el poniente

Qué voló de sus labios al cielo y sus ojos azules qué lava derramaron en qué ocultas laderas En sus ojos azules se posaba la escarcha antaño fue el deseo siempre arrancada venda oh qué fuego voló de sus labios al cielo aquellos labios rojos que otros nunca olvidaron.

Pero el viento deshace las últimas nieblas Otros creen que es el frío en las manos caídas Olvidan que la llama tan sólo se apaga en sus ojos que después no es el frío, es aun menos que el frío.