Te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra.
Te mataré mañana poco antes del alba cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños y será como cópula o semen en los labios como beso o abrazo, o como acción de gracias.
Te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra y en el pico me traiga la orden de tu muerte que será como beso o como acción de gracias o como una oración porque el día no salga.
Te mataré mañana cuando la luna salga y ladre el tercer perro en la hora novena en el décimo árbol sin hojas ya ni savia que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra.
Te mataré mañana cuando caiga la hoja decimotercera al suelo de miseria y serás tú una hoja o algún tordo pálido que vuelve en el secreto remoto de la tarde.
Te mataré mañana, y pedirás perdón por esa carne obscena, por ese sexo oscuro que va a tener por falo el brillo de este hierro que va a tener por beso el sepulcro, el olvido.
Te mataré mañana cuando la luna salga y verás cómo eres de bella cuando muerta toda llena de flores, y los brazos cruzados y los labios cerrados como cuando rezabas o cuando me implorabas otra vez la palabra.
Te mataré mañana cuando la luna salga, y al salir de aquel cielo que dicen las leyendas pedirás ya mañana por mí y mi salvación.
Te mataré mañana cuando la luna salga cuando veas a un ángel armado de una daga desnudo y en silencio frente a tu cama pálida.
Te mataré mañana y verás que eyaculas cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas.
Te mataré mañana cuando la luna salga te mataré mañana y amaré tu fantasma y correré a tu tumba las noches en que ardan de nuevo en ese falo tembloroso que tengo los ensueños del sexo, los misterios del semen y será así tu lápida para mí el primer lecho para soñar con dioses, y árboles, y madres para jugar también con los dados de noche.
Te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra.
“El último hombre” 1984