¡Cómo apagas mi sed con tu humildad! ¡Tu mano estremece en mi pecho la sombra del dolor, igual que un pájaro entre las ramas verdes, junto al cielo! ¡Cómo traes a mis labios con tu humildad la luz sobre tu frente lo mismo que la nieve sobre el campo, y me apagas la sed de haber llorado de humildad, al tenerte, dormida, como un niño, entre mis brazos!