En esta paz del corazón alada descansa el horizonte de Castilla, y el vuelo de la nube sin orilla azula mansamente la llanada.
Solas quedan la luz y la mirada desposando la mutua maravilla de la tierra caliente y amarilla y el verdor de la encina sosegada.
¡Decir con el lenguaje la ventura de nuestra doble infancia, hermano mío, y escuchar el silencio que te nombra!
La oración escuchar del agua pura, el susurro fragante del estío y el ala de los chopos en la sombra.