Voy bebiendo en la luz, y desde dentro de mi caliente amor, la tierra sola que se entrega a mis pies como una ola de cárdena hermosura. En mi alma entro;
hundo mis ojos hasta el vivo centro de piedad que sin límites se inmola lo mismo que una madre. Y tornasola la sombra del planeta nuestro encuentro.
Tras el límpido mar la estepa crece, y el pardo risco, y la corriente quieta al fondo del barranco repentino
que para el corazón y lo ensombrece, como gota del tiempo ya completa que hacia Dios se desprende en su camino.