Lejana como Dios, pero más cerca, más cerca, más dormida entre las horas más alta tras la noche, como el viento más concreta en el pecho o más remota o más dulce en la orilla; lejana como Dios, pero más cerca dentro del corazón, pero más cerca de mi voz al hablar cuando te nombra; más secreta en mi sueño; donde mi vida brota; allegada a mi sangre de repente con un inmenso aroma de algo que está en la noche todavía, tu pureza me arrastra hacia la honda soledad imposible, donde el alma es sólo tuya, como Dios; es toda un camino vehemente de claridad, de sombra…