Tocar tu mano y no sentir el hueso frío que desde dentro ahora la mueve, sólo la piel caliente, el roce leve de una carne hecha espíritu, sin peso; morder luego tus labios, y en el beso quitarle al cráneo que hay detrás relieve, y a la nuca dureza, y que la breve vida parezca eterna en el proceso. Cerrarte en un paréntesis de brazos donde no cabe el mundo, ver que rota mi ser alrededor de tus caderas, romper con lo exterior todos los lazos, y entrar en una realidad ignota, que es sólo un centro en donde no hay afueras. Puntos de fuga 1996-2000