La dilatada noche parece estar clavada, por temblorosos astros en el techo del cielo.
Aguzando el oído interior, uno escucha chirriar a esas luces casi casi metálicas.
Ya no resisten más. Imaginando sin duda su caída, un vértigo creciente las tiene justo al borde o del llanto o del grito.
El mundo a punto está de ser tan sólo la fosa de unos astros agotados, que ha de sellar, rotunda y para siempre, la negra losa de la noche inmensa. Puntos de fuga 1996-2000