Tu sueño forma un quieto remolino que absorbe lo que cae en su constante girar sobre sí mismo y lo conduce al centro de su propia espiral vertiginosa. Sobre la superficie de tu cuerpo dormido, hay un abismo a flor de piel. Eres materia, forma resaltada, pero, a la vez, lejos de ti te ahondas. Así te quiero, intensa cifra oscura de ese misterio que te sobrepasa, imagen fiel de la contradicción, aire y plomada, horizonte y roca. Detrás, detrás del indefenso aspecto de tu belleza hay el mayor peligro al que unos ojos pueden asomarse: pareces presa fácil, cazadora. Ya he caído en tu trampa, sobre el borde del mirador que eres, sólo veo tu vértigo, los círculos que trazas en tomo a mí, tus envolventes órbitas. Puntos de fuga 1996-2000