A Eva y Rodolfo
Tendido en la litera estrecha de este tren, como en un nicho, atraviesas la noche ignorada de Francia.
Del paisaje de fuera nada sabes. No sabes si te adentras en bosques que te acosan con sus ramas o en playas que se entregan, si cruzas por pantano o tierra fértil. Y apenas si conoces un cúmulo de datos imprecisos de la extraña ciudad inabarcable a la que te diriges.
Temeroso ante tanta realidad desconocida, el sueño es meta que no alcanzas.
Sin embargo, tu sangre va asimilando poco a poco la andadura del tren: sus balanceos repentinos te muestran con qué decisión pasa, atropellándolos, sobre todos los miedos, dudas e incertidumbres que en mitad de la noche cruzan su corazón. Pasa así tú también sobre tu angustia, que tu latir sea el latir del tren, a su ritmo resbala en el limo del sueño, y que mañana el alba te sorprenda en París. Con todos tus sentidos bien despiertos, que te sorprenda el alba de París.
Puntos de fuga 1996-2000