La rosa y la reseda

La rosa y la reseda

El que en el Cielo creía, el que no creía en él, los dos con idolatría amaban a la rehén. Uno a mirarla subía, otro tendíase al pie: el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Nada importa cuál sería la luz que alumbrando fue; uno del templo salía, otro esquivó su dintel: el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Cuerpo y alma en alegría, cada cual amante fiel, que Ella vive se decía, y quien viva lo ha de ver: el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Loco pedir cortesía viendo arrasada la mies, rumiando melancolía de la metralla al vaivén: el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Desde lo alto el vigía tiró una y otra vez; uno tras otro caía; ¿cuál de ellos muerto fue: el que en el Cielo creía, el que no creía en él?

¿En la prisión cuál sería el de más duro yacer; cuál de los dos prefería de las ratas el tropel: el que en el Cielo creía, el que no creía en él?

Sollozar de rebeldía, ¿a quién puede conmover? Dejan la terrena vía al rayar el alba cruel el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Al caer, nombrar se oía a la que adorada fue; con brillo igual relucía la roja sangre al caer del que en el Cielo creía, del que no creía en él.

Cárdeno arroyo teñía la tierra de su nacer para que madure un día vendimias de moscatel el que en el Cielo creía, el que no creía en él.

Corren, vuelan a porfía el bretón y el lorenés; vuelve el grillo a su tonía en el huerto y el vergel. Flauta o viola en melodía, en doble amor van a arder las aves entre la umbría, rosa y reseda también. Versión de: Carlos López Narváez