Mil manos entreabren todas las cabelleras, de mis manos recoge sus colores el día; un suspiro es la brisa de mis barcas veleras; del sueño que perdura parte mi lejanía.
Toda flor por desnuda parece una cautiva que hace temblar el tacto con su esplendor celeste; escucho, miro y pienso, y el cielo a la deriva es para mi sencillo como quitada veste.
Explico mis palabras al paso de la ronda; aplico el pie desnudo por el viento borrado; desvelo para el mundo lo que el instante ahonda, y el sol que se levanta del hombro deseado.
Explico la silueta que enmarca la ventana; doy la clave de árboles, pájaros y estaciones, la del sellado júbilo de la planta lozana, la del sigilo extraño que habita los rincones.
Explico en infinitos negrura y transparencia; descifro el destellante roce de las mujeres, y en la cósmica cifra la individual presencia, y la razón que aúna las cosas y los seres.
Me entregan su perfume las formas pasajeras, y la página en blanco su musical acento; y explico lo que hace las hojas más ligeras, y de la rama un brazo levemente más lento.
Innoble en la tormenta de la época gris; avasalla mi norma la lumbre justiciera; yo pinto la esperanza… Yo soy Henri Matisse que le anticipa al mundo lo que del tiempo espera. Versión de: Carlos López Narváez