Todas las habitaciones de mi vida...

Todas las habitaciones de mi vida…

Todas las habitaciones de mi vida Me habrán estrangulado con sus paredes Aquí los murmullos se ahogan Los gritos se rompen

Aquellas en las que viví solo Con grandes pasos vacíos Aquellas Que guardaban sus espectros antiguos Las habitaciones de indiferencia

Las habitaciones de la fiebre y aquella que Había yo instalado para ahí fríamente morir El placer alquilado Las noches extranjeras

Hay habitaciones más hermosas que las heridas Hay habitaciones que os parecerán banales Hay habitaciones de súplicas Habitaciones de luz baja Habitaciones dispuestas a todo excepto a la felicidad Hay habitaciones para mí de mi sangre para siempre salpicadas

En todas las habitaciones viene un día en que el hombre se despelleja vivo En que cae de rodillas que pide piedad Que balbucea y se vuelca como un vaso Y padece el suplicio espantoso del tiempo Derviche lento es redondo el tiempo que gira sobre sí mismo Que mira con ojo circular El descuartizamiento de su destino Y el pequeño ruido de angustia antes de las Horas antes de las medias No sé nunca si eso va a sonar por mi muerte Todas las habitaciones son habitaciones de justicia Aquí conozco mi medida y el espejo No me perdona

Todas las habitaciones cuando por fin me he dormido Han lanzado sobre mí el castigo de los sueños

Porque no sé de los dos lo peor soñar o vivir. Versión de: Claire Deloupy

X… Frances

Un nombre como sangre de trivial cortadura sencillo por demás para ser retenido; se dice sin pensarlo cual se bebe agua pura; lo pudiera llevar cualquier desconocido.

Un nombre, corazón isócrono en que radie la quietud de las horas si de pronto se altera; un nombre que no haría volver el rostro a nadie: como el que los soldados llevan en la pulsera.

Un nombre como tantos que destiñen los vientos en las tablas, las tumbas y las actas civiles; un nombre y apellido -punzantes y sangrientos zuecos donde se estrujan unos pies infantiles.

Ayer como nosotros era un adolescente aquel cuyos verdugos llegaron con el día; decían las mujeres su nombre dulcemente sin saber que al nombrarlo la gloria sonreía.

Ese nombre trivial como tierra sin amos, con devoción ahora nuestra gente lo nombra: sobre el asfalto, al pie de su escritura hay ramos y damas de rodillas ataviadas de sombra.

Nombre bello, incoloro: como se dan en Francia para cruzar la turba y morir sin reproche; un nombre silencioso como la vigilancia; nombre como las luces de una aldea en la noche.

Versión de Carlos López Narváez