El espino

El espino

Al lado tuyo, pero no de tu mano: así te miro andar por el jardín de verano: las cosas que no pueden moverse aprenden a mirar. No necesito perseguirte a través del jardín; en cualquier parte los humanos dejan señal de lo que sienten, flores esparcidas en el polvo del camino, todas blancas y doradas, algunas levemente alzadas por el viento de la tarde. No necesito seguirte adonde estás ahora, hundido en la ponzoña de este campo, para saber la causa de tu huida, de tu humana pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa dejarías caer todo aquello que has acumulado? De “Iris salvaje” Versión de Eduardo Chirinos