El iris salvaje

El iris salvaje

Al final del sufrimiento me esperaba una puerta.

Escúchame bien: lo que llamas muerte lo recuerdo.

Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante. Y luego nada. El débil sol temblando sobre la seca superficie.

Terrible sobrevivir como conciencia, sepultada en tierra oscura.

Luego todo se acaba: aquello que temías, ser un alma y no poder hablar, termina abruptamente. La tierra rígida se inclina un poco, y lo que tomé por aves se hunde como flechas en bajos arbustos.

Tú que no recuerdas el paso de otro mundo, te digo podría volver a hablar: lo que vuelve del olvido vuelve para encontrar una voz: del centro de mi vida brotó un fresco manantial, sombras azules y profundas en celeste aguamarina.

De “Iris salvaje” Versión de Eduardo Chirinos