Perdóname si digo que te amo: a los poderosos se les engaña siempre, los débiles son siempre manejados por el miedo. No puedo amar lo que no puedo concebir, y tú no revelas virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino, siempre la misma cosa en el mismo lugar, o a la dedalera inconsistente, que brota primero como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas, y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana, los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos que en el patio no pelean?
De “Iris salvaje” Versión de Eduardo Chirinos