Esa amazona rubia que cabalga por las grises colinas y los yermos de Mordor; esa chica que ha dejado atrás la primavera y se dirige al país de la noche permanente, donde el señor del mal gobierna. Por qué no vuelve grupas hacia el mundo donde el lirio florece y las muchachas buscan fresas y dan besos furtivos y tejen y cocinan, donde hay bardos que cantan las hazañas de los héroes y veneran a la Gran Diosa.
Esa mujer dorada que galopa de espaldas a la luz y a la belleza, persiguiendo sin tregua ni reposo al oscuro jinete que la rompe de amor y la consume de deseo, al enemigo de su alma.
De “Por fuertes y fronteras” 1996