Anoche, dando vueltas como siempre, camino de la alta madrugada (bares y discotecas, calle estrecha, negros que venden hasta el alma blanca) pensé que al encontrarte era mi suerte recorriendo el burdel que nos ampara. Y te miré la cara dulcemente pensando que mi hora en ti empezaba. Aunque sé que te echan del trabajo pues te aburre la vida rutinaria, y haces de camello cuando puedes recorriendo el burdel que nos ampara. En Marruecos saliste de un mal paso y usaron y abusaste de la tranca. Modelo, chulo, amante para cenas, sabes el lujo de la gente cara y camas cutres, feas y con chinches recorriendo el burdel que nos ampara. ¡Que estupenda la noche los dos juntos! Riendo, colocados, mente alzada… Ojalá que el ritmo nos llevase unidos tahúres del vivir y camaradas. Pero la luz del alba rompe sueños recorriendo el burdel que nos ampara. Y aunque eres santo como el pan bendito tu futuro es el orden o la nada. Mal papel al zángano le espera: no hay porvenir que a tu lucero valga. Nos mira ya acechante una galerna recorriendo el burdel que nos ampara. Tampoco es convincente mi futuro: Viejo verde en tugurios del mañana o figurón de eventos literarios ajeno a la Academia y a sus maulas. Aunque bien puede el viento darme un viaje recorriendo el burdel que nos ampara. Juntos somos dos pájaros muy raros, solo el presente nos pone su medalla. Amigo de la noche, adiós, hermano. Ya ves que casi todo nos separa. Pero golfos y ninchis seguiremos recorriendo el burdel que nos ampara.