Dicen los maldicientes: ¡Qué poco le queda a Miguelito! Fue rey -como tantos- de unas horas: Cinco o seis primaveras. Poca cosa. El tiempo se lo lleva. ¿Quién recordará su edad maravillosa?
También yo tuve envidia de tu belleza pura. Y de tu alegre vida, sobre todo, negada a la tragedia. Favorita del dios. Sin angustia ni sombra. ¡Qué hermoso verte riendo por las noches! Sábado o lunes: la vida es perfecta.
Yo en ti pensé mi vida coronada. Pero un símbolo no vale a la vida. Te imaginé en amor, en dicha, en compañía. Curándome la soledad inhabitada.
¡Qué vano fui! Tu corazón no tiene corazón. Eres el sol radiante a mediodía.
No hagas caso de las malas lenguas. Tú eres solo presente, sólo ahora. El tiempo en tu sonrisa se va por la cloaca. Cuando sea viejo de intención ya lo soy- pensaré en ti: Minuto de luz divina, entre la nada.