El cabello se esparce suavemente en el lino, como un mar que es el oro si despacio amanece. Suavemente se pliegan las pestañas, y los besos se duermen en los labios y respiran flores.
Ignora la cintura que es sagrada la mano que recorre las piernas y sus bahías dulces, la extensión marina del lino que se tuerce, las playas invisibles de la espalda. Todo ignora.
Y otra mano se expande así, muy quedamente, y al moverse, el impulso descubre más ocultas dulzuras, Besos. Deseos. Amor. Ignoradas bahías. Duérmese. Y yo miro dormir tu joven negligencia.