La tarde dichosa

La tarde dichosa

Era una edad de libros y de escasos placeres. Yo no pude, por tanto, haber sido uno de ellos, y es otra cosa más que el Tiempo me adeuda.


En el extremo mismo de la juventud, uno es frágil y esbelto con algo de pétalo y foscor en los ojos. Y el otro un leve atleta, con los músculos tensos, y alguna gallardía, rondando los dieciocho. En el rincón penúltimo de un bar de esos, sentados, la espalda se acarician y se besan después, muy lentamente. La historia que hay detrás no es difícil saberla. Días con sol y trenes sin nombre hacia el futuro, y el mundo (ya lo ves) erguido en realidad perfecta.

“Huir del invierno” 1977 -1981